Las declaraciones de intenciones, cuando no median grandes cantidades de alcohol de por medio, son casi siempre tan fútiles que, la propia pompa que presuponen las hace casi obscenas.
Cuando media alcohol en cantidades ingentes, son pura chachara de borracho: disculpables las más de las veces, entrañables unas pocas. Nada que merezca ser escuchado con seria atención, menos aún tomado en cuenta con vigorosa reflexión.
Desde luego, para quien las pone por escrito, tanto en el supuesto ebrio como en el sobrio, debería estar prescrito alguna pena severa.

Vamos al meollo: casualidad y regularidad. Inspiración y transpiración más o menos perfumada.
Vídeos, canciones, opiniones. Buenos títulos en la medida de lo posible.
Una clara advertencia para rearrancar.