Si tienes que ir a trabajar cada mañana, también en verano, lo mejor es madrugar, empezar con un café, aprovechar las horas frescas del día con un poco de footing y buena música, luego una ducha resfrescante y un buen desayuno.
Hay veces que no da tiempo, pero cuando se puede es lo más parecido a convertir un martes en sábado, aunque sobre presupuestos radicalmente distintos, casi opuestos. Lo fundamental es el resultado. ¡Y el desayuno! La comida más importante del día ¿no?
Y después de empezar tan bien, andando a ritmo de paseo vigoroso hasta la oficina.
Mejor sería echar las horas frente a las teclas, blancas y negras, hasta que pase de nuevo el calor y entonces salir de paseo; mejor sería mantenerse ocupado sin tener que trabajar, pero bueno...
Claro que, para que sí dé tiempo a todo, hay que poner el cerebro a funcionar poco después de las 6 a.m. Y tanta actividad, combinada con el iPod y las canciones a todo volumen, a veces dan lugar a alucinaciones.
Y claro, eso también está bien.
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Recupero lo de aquella penúltima mañana:
Dos alucinaciones y un deseo de camino al trabajo (apuntes para mi inminente nuevo blog):
- Un hombre con los labios operados me mira como un pato malencarado.
- Suena 'Caja de Lluvia', entrecierro los ojos y veo gotitas caer transversales, al ritmo del pensamiento; pienso en alguien.
- Me gustaría poder envolver a las pobres palomas de Madrid con ambas manos y, una a una, sanarlas. Las palomas son nuestro espejo.
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Y ya basta por hoy. Que hoy sí es sábado.
Bien.

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