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La Coctelera

Canciones de invierno (I)

Dentro de unas horas estaré haciendo promoción a lo largo y ancho de mis redes sociales del EP que acabo de subir a mi página de Bandcamp. O sea, que ya he publicado mi primer EP, tercer lanzamiento digital y oficial de Raúl Querido.

Como es verdaderamente desconcertante ponerse a uno mismo en la tesitura de componer, producir y publicar con cierta organización, buscando que las cosas suenen medianamente bien, tengan una presentación lustrosa y vayan saliendo a un ritmo que un oyente fiel pueda asumir, pues ahora que el EP está subido me tomo el primer descanso -antes del segundo: simplemente, dormir- abriendo otro hilo de posts. El de mis momentos musicales de 2009 no ha avanzado ni siquera hasta su segunda entrega. Veremos este.

Canciones de invierno. ¿Hace falta más explicación?

Ahí va un ejemplo, la primera:

Uno de mis clásicos íntimos e imprescindibles desde que salió, y que pinché todas las veces que tenía a mi disposición una mesa de DJ y un local vacío a primera hora. Tuvo un momento de fama masiva (o casi) la canción cuando, al tiempo, la metieron en la banda sonora de María Antonieta. Supongo que luego se pasó el interés y se medio olvidó la canción, como ocurre con las modas.

Para mi sigue siendo imprescindible, preciosa y emocionante en todo momento. Pero, para compartirla, supongo que el mejor momento es ahora, que vuelve otra vez el invierno. ¡A punto los escalofríos!

Después de 2009 (I) - Listas y tontas

A medida que se acecaba el final de 2009, las publicaciones musicales más diversas se dedicaban a publicar listas de lo mejor del año y de la décasda. Comparando las listas de esas variadas publicaciones musicales, hay que señalar lo poquísimo que diferían unas de las otras, así como lo previsible de la mayoría a poco que estés familiarizado con la línea editorial que si del Rockdelux, que si de Mondosonoro, etc. Es decir, variedad poquita y amiguismo mucho, especialmente en las listas anuales.

Fuera de lo que es el papel, en el mundo aparte de los blog y webs musicales independientes, la cosa ha estado más interesante. Menos intereses creados, críticos y redactores más atentos y con menos deudas de gratitud. Por lo que sea, la siempre entretenida costumbre de pasarse diciembre asintiendo o enfadándose uno al leer las famosas listas, es cada vez más interesante frente a la pantalla y, por contra, más tediosa cuando hay que pasar páginas: hasta ese mínimo esfuerzo parece innecesario si es para descubrir que, saquen lo que saquen Los Planetas, bueno (aunque puede que no siempre "tan tan bueno"), malo (que no suele ser el caso) o regular (nadie, tampoco J, es infalible), va a ser nº1 la lista que mejor se le acomode en Rockdelux. O que el truño de turno de Dorian va a estar entre lo mejor del año en Mondosonoro -y, por no quedarse corto, entre lo mejor de la década, junto con Sidonie y no sé cuántos dislates más-.

Por contra, entre las redes de musiqueros anónimos y sin nada que perder, blogues y más blogues descollan por su falta de prejuicios bien entendida, por su buen gusto y por su sorprendente memoria. Bien por ellos.

***

Lejos de las listas, con la tranquilidad de haber dejado pasar el medio mes que, ya sí, me separa del momento de efervescencia de estas clasificaciones, que pretenden fijar los puntos cardinales del año musical y además adjudicar números ordinales a los elegidos, por mi propio disfrute y por ejercitar la memoria a capricho, me apetece sacarme de la manga unos cuantos posts que, después del 2009, vuelvan la vista atrás sobre lo escuchado, visto, vivido y hecho en Música; con mayúsculas, Música como un todo en el que cabe... todo -todo lo que suene y emocione- y del que se aprovecha todo -todo lo que no suena gastado, manido, sin vida-.

Lo de la década se lo dejo a los profesionales, que ya lo han hecho, muy mal -dejándose la mayoría fuera de los tops discos tan importantes como 'Give Up' de The Postal Service, que marcó un hito y aún hoy suena a pop perfecto y actual; o el debut de Clap Your Hands Say Yeah, temas rotundos de principio a fin y un sonido que pocas veces se logra: lo-fi abrasivo y definición cristalina en una colección da canciones que te ponen patas arriba y que, además, unen música sin freno y letras sin tópicos-. Me conformo con mi año musical y sus puntos detacados para mi, sin ordinales desde luego, y sin siquiera atender a la fecha de publicación de los discos, que es un criterio muy poco válido, creo yo.

En fin, todo esto ha sido introducción. En el siguiente post toca ya contar algo que no sean reflexiones metamusicales, metacríticas, meta... algo.

Todo el otoño cantando...

...arrimando el hombro a las nubes, y cuando me cojo el catarrazo que me tiene tosiendo y mudo, entonces se decide a llover.

Triste porfía e incierto el afán del músico pequeño, oh.

Una de Hefner

Llevo unos días recomendando escuchar los enormes discos que grabó Darren Hayman con Hefner a todo aquel que se deja, particularmente si no lo conocen o lo tienen poco escuchado. Sus discos son variados y brillantes, sus canciones de las que te mojran la vida y sus letras de las que te hacen sentir que tiene cerca a alguien, grabando en palabras sonoras cosas que has sentido y han pasado por tu cabeza. Te sientes de pronto más listo y más querido, más feliz.

Al bueno buenazo de Darren le pegaron hace poco una paliza para robarle. Está recuperándose. Ojalá esté bien pronto, de momento ha tenido que cancelar varios conciertos y, por lo que va actualizando en sus páginas de Facebook y Myspace, está aprovechando el tiempo en casa y viendo muchos DVDs.

No sé si tontamente, este ha sido el momento que he elegido para comprarme un completo cargamento de sus discos en las versiones repletas de caras b y rarezas que ha ido lanzando en los últimos tiempos. Las he comprado directamente de su web y aún no me han llegado, los espero con ilusión. Quiero pensar que, mientras tanto, los dineros que me he gastado habrán servido de algo a un artista que merece todo el cariño que aparenta necesitar. Grande entre los grandes.

Ahí va el primer videoclip que sacaron:

Y el último vídeo que ha colgado linkado Darren Hayman en su myspace:

¡Feliz fin de semana, amigos y lectores!

El crepúsculo y el servicio postal

El año pasado, cuando el cartel de la primera parte de Crepúsculo llenaba las marquesinas, y las adolescentes -tardías o no- llenaban los cines par ver la peli, se me ocurrió hacer el fotomontaje más cutre que se recuerda

2009 fue el año del Crepus y el año de Crepúsculo, sin duda.

Este es el año de 'Luna Nueva', la segunda parte de la saga vampírica. También es el año de 'Chill Out', el nuevo disco de Joe Crepúsculo. Es más difícil sacar los retruecanos de esa coincidencia temporal. Lo que no es difícil es que la música de 'Luna Nueva' te llame la atención. En la banda sonora de esta nueva película se reune la plana mayor de lo que en su día se bautizó como "lo alternativo" -generalización grosera, pero aún así más ajustada a la realidad que vender la idea de que exista un sonido "independiente" o indie-. La mayoría grupos sin interés, como The Killers, Ok Go o Editors. La nota interesante viene de la mano de Lykke Li -inquieta y talentosa, y aún no anulada por el mundo de las multinacionales musicales-; también interesante la colaboración de Bon Iver y St. Vincent, o la creciente presencia en soportes masivos de los muy reivindicados, pero poco escuchados, Grizzly Bear.

Lo que más extraño me ha resultado ha sido ver como un Death Cab for Cutie ha sustituido a un grupo tan adolescente como Paramore en el lugar más visible de todo el entramado comercial que se teje alrededor de bandas sonoras tan golosas como esta: hay mucho dinero en juego y, si se apuesta por el que era uno de los grupos bandera de la independencia musical americana, es porque se ve la más que posible rentabilidad comercial de la jugada. Grupo desde el principio de esencia clásica, pero sin limitaciones artísticas y, aunque no de forma radical, más bien anticorporativo, Death Cab for Cutie ha ido mudando hasta lo que es hoy: una banda que hace temas impecables pero que, en gran medida, ha ido perdiendo el alma; dejando que se la chupen los vampiros, a cambio de un lugar destacado en el panorama musical entendido a lo grande, entendido como lo entiende, en este caso, Warner. Lo que pasa es que las multinacionales ni si quiera pueden prometer la vida eterna, ni tan siquiera en sentido figurado.

En el vídeo de 'Meet Me on the Equinox' incluso podemos ver a Ben Gibbard maqueado para dar el pego como apuesto ídolo juvenil. Qué gusto da verle, en contraste, cuando la imágen y los soportes promocionales nunca primaban más que el valor artístico de los discos y de las canciones. Cuando hacía temas tan imprevisiblemente hermosos como los de 'Transatlanticism' o los de 'Give up', el irrepetible disco de The Postal Service.

Portaos bien, hijos de puta

Las declaraciones de intenciones, cuando no median grandes cantidades de alcohol de por medio, son casi siempre tan fútiles que, la propia pompa que presuponen las hace casi obscenas.
Cuando media alcohol en cantidades ingentes, son pura chachara de borracho: disculpables las más de las veces, entrañables unas pocas. Nada que merezca ser escuchado con seria atención, menos aún tomado en cuenta con vigorosa reflexión.
Desde luego, para quien las pone por escrito, tanto en el supuesto ebrio como en el sobrio, debería estar prescrito alguna pena severa.

Vamos al meollo: casualidad y regularidad. Inspiración y transpiración más o menos perfumada.
Vídeos, canciones, opiniones. Buenos títulos en la medida de lo posible.
Una clara advertencia para rearrancar.

Verano azul

Es mi diagnóstico, definitivo:

Que llegue el otoño ya, por favor.

Las trampas de la mente

Me apetece interrumpirme a mi mismo, en mi silencio no forzado desde hace más de un mes -no me volé en Benicassìm, no-, y en mis ritmos dificultosos de trabajo de madrugada. Una pausa para colgar un precioso vídeo; algo tan sencillo como el bueno de Daniel Johnston bien acompañado y cantando en la parte de atrás de un coche que parece uno de esos bonitos taxis ingleses.

Daniel Johnston cantando es, para mi, una de las maravillas más emocionantes y emotivas que puedan existir. Sin contención y sin trucos, algo muy raro. Una flor rara que no deja de florecer, con absurdo tesón. Es pura vida brotando exageradamente, haciéndonos vivir.

Además, su propia historia, su éxito verdadero a pesar de los muchos pesares que ha tenido que enfrentar y que ha hecho afrontar a los que le han querido y cuidado, es la historia del espíritu -esa parte misteriosa del cerebro- que lucha y vence a las trabas del cuerpo, a las trampas que el mismo cerebro le tiende. El talento, el caracter, la fuerza que nuestras necesidades nos empujan a adquirir; la imperiosa necesidad de calor humano y el hambre y la sed, mortales de necesidad, sí, y que por ellas se vive... el hambre y la sed inagotable de belleza. Eso es. Necesidad y adaptación

La belleza y la felicidad, y el amor de muchos de los que le han rodeado -y que, sin duda, su premio de amor, extraño e insustituible, habrán recibido de él, en ocasiones sin entenderlo ellos mismos; muchas veces habrá sido sencillamente eso tan increible que es recibir de primera mano la luz cercana de un talento inagotable y, de nuevo, único-, la belleza y la felicidad han sido el objeto de su desorientada pero muy atinada búsqueda todos estos años: cada cosa que ha salido de él, con cuantos menos intermediarios mejor, es una flecha atravesádonos el corazón y señalando, con su cabeza, el camino. Ahí está: ahí nos sentaremos a escucharte, Daniel; ahí cerraremos los ojos y sólo serás tan hermoso como lo son tus canciones. Ahí jugaremos, como los niños, muy en serio. Ahí seremos niños y venceremos.

Si alguien ha sabido quemar al diablo con la llama de su corazón, de su coraje, de su talento, ese es Daniel Johnston. El diablo está en nuestro cerebro, y en el de Daniel arde y guarda silencio cada vez que él, como nadie más, canta, canta. Sea en una sala de conciertos, en tu sotano, en el local de ensayos o en el asiento trasero de un taxi, Daniel Johnston, no dejes de cantar.